El recreo como aprendizaje
Un espacio donde los niños hacen cosas de niños y la mirada del adulto queda en otro plano. El recreo es tiempo de juego libre, donde la imaginación y la fantasía no responden a formulas o dictados. Los niños, ¡y también los grandes!, necesitan ese momento de distracción para volver a cargar las pilas y entrar al salón frescos y descansados. Porque el mejor rendimiento se logra cuando la pasamos bien. Con los pequeños pasa lo mismo: Un niño contento y motivado está dispuesto a incorporar no sólo conocimientos de matemáticas y ciencias naturales, sino también nociones de solidaridad, respeto y límites.
El recreo ayuda a socializar
Todo lo que ocurre en el patio de la escuela y el arenero del jardín de niños es tan fundamental como lo que pasa dentro del aula. Allí los pequeños aprenden a socializar, ponen sus propias reglas e interactúan libremente. Como en la sociedad, pero a menor escala. En el recreo los juegos tradicionales son los que mandan, no hay computadoras ni televisiones, sólo juegos de grupo y diversión. Ahí también hay que esperar turno, compartir y resolver problemas. Como en la vida misma.

